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Fotografías aéreas de la Agricultura urbana en Boston

Un levantamiento aéreo de la zona metropolitana de Boston evidencia un sistema alimentario regional en aumento.

Compartimos este ensayo fotográfico aéreo sobre agricultura urbana en Boston que publicó el Instituto Lincoln de Política de Suelo. Resultan increíbles las iniciativas -que incluyen desde sembrar un baldío hasta granjas transportables debajo de autopistas- cuando se trata de generar alimento sin la necesidad de ir hasta el “campo”. Cuántos beneficios eso podría traer.   

Gracias a nuestra subscripción al Newsletter de Fernando Bercovich, Trama Urbana, del portal argentino de periodismo Cenital, hemos dado con este interesante, y por demás revelador, recorrido aéreo del piloto y fotógrafo Alex MacLean que revela un innovador avance del cultivo urbano dentro de las grandes ciudades, dónde ya no parece haber sitio para más nada.

Por Alex MacLean

«En mis cuatro décadas de fotógrafo aéreo, me ha interesado documentar la agricultura, porque tiene un modo de revelar pistas importantes sobre regiones, clima, topografía, suelo y el paso de las estaciones y el tiempo. Esta labor se centró cada vez más en el vínculo entre el uso del suelo y el cambio climático, a medida que en los transectos urbanos y rurales evolucionó de forma evidente el interés por acortar los kilómetros alimentarios (reducir la distancia entre productor y consumidor, con el fin de reducir las emisiones de carbono y minimizar las interrupciones en la cadena de suministro).»

Las imágenes de estas páginas representan los primeros pasos de una indagación sobre cómo está cambiando la producción de alimentos en zonas urbanas y sus alrededores en los Estados Unidos.

En los últimos años, es cada vez más evidente cómo se intensificó el cultivo a pequeña escala alrededor de Boston, Massachusetts. «Desde el aire, he visto aparecer invernaderos de techo curvo en granjas pequeñas que pretenden suplir la demanda y ampliar la productividad; azoteas residenciales y comerciales grises convertidas en opulentos jardines; terrenos urbanos históricamente improductivos, como baldíos y patios, transformados en espacios cultivados.»

Cuando se suman, estas operaciones a pequeña escala parecen tener mucho potencial para aumentar la productividad mediante el poder de los incrementos. Los espacios verdes en zonas urbanas y cerca de ellas no solo ofrecen a las personas alimentos más frescos y accesibles. Dado que filtran el agua pluvial, absorben dióxido de carbono y promueven otros beneficios medioambientales, también pueden hacer de las ciudades lugares más saludables y resistentes.

A pesar de estos cambios prometedores, lo que se conoce como el movimiento localívoro ha logrado crear una sensación de pertenencia y de comunidad, y enseñar sobre cuestiones alimentarias, más que mejorar la seguridad o acortar los kilómetros alimentarios en una escala suficiente como para contrarrestar el cambio climático.

Si bien en la última década la demanda y el entusiasmo por los alimentos locales aumentaron, se estima que el 90 por ciento de la comida de la zona metropolitana de Boston proviene de fuera de la región, según Food Solutions New England (FSNE), una red regional con base en la Universidad de Nuevo Hampshire, cerca de allí. Pero los gestores de políticas, inversionistas, productores rurales y emprendedores de la zona se están esforzando por cambiarlo, y FSNE está abogando por un “50 hacia 60”: 50 por ciento de los alimentos producidos en la región hacia 2060.

Una tendencia que podría ayudar a alcanzar esta meta, y que también se puede ver desde el aire, es la agricultura de interior. Las granjas de interior suelen encontrarse en vecindarios industriales infravalorados, y usan tecnologías como hidroponía e iluminación LED para poder cultivar durante todo el año. Las empresas que las respaldan demuestran cada vez más que la falta de espacios abiertos no tiene por qué ser una limitación para producir alimentos. En 2020, esta industria atrajo US$ 1.900 millones en capital de riesgo a nivel mundial: el triple de lo que se invirtió en 2019.

En Boston se encuentran algunas de las empresas que más están creciendo. Por ejemplo, Freight Farms democratiza más la cercanía a la producción porque usa contenedores modernizados que se pueden acomodar bajo autopistas elevadas o junto a comedores escolares. En 30 metros cuadrados, estos contenedores producen lo mismo que una hectárea de cultivo. Este tipo de soluciones innovadoras nos dan una idea de cómo puede ser el cultivo alternativo, mientras el cambio climático degrada las tierras agrícolas y reduce el suministro de agua. Sin embargo, el método tiene sus desventajas: puede requerir mucha electricidad y, si bien la producción se suele vender como “local”, en ciertos sentidos replica la centralización y la influencia corporativa que irrita desde hace mucho a los defensores de la agricultura local y regional.

«Como fotógrafo aéreo, espero que siempre se integre cierta forma de producción alimentaria de exteriores en nuestros paisajes. Los veamos desde el suelo o desde el aire, las granjas y los campos nos ayudan a comprender los elementos clave del mundo natural que nos sustenta, nos ayudan a conectarnos con el planeta y nos impulsan a proteger estos lugares. Pero desde el cielo se hace cada vez más evidente que se están repensando los sistemas agrícolas, y que necesitaremos muchos enfoques distintos para que los “alimentos locales” evolucionen y lleguen a ser un modelo equitativo de soberanía alimentaria regional.»

La región metropolitana de Boston importa el 90 por ciento del alimento desde fuera de la región. Arriba, los furgones y las unidades refrigeradas forman fila en los depósitos de New England Produce Center, en Chelsea, al norte del centro de Boston. Este complejo es uno de los mercados mayoristas de productos agrícolas más grandes del mundo; recibe cargamentos de todos los rincones de los Estados Unidos y de otros países. Luego, los productos de redistribuyen a puntos de venta de toda Nueva Inglaterra y el sudeste de Canadá.

Los famosos jardines Fenway Victory Gardens, junto al río Muddy, en Back Bay, Boston, están conformados por más de 500 parcelas que son vestigio de tierras que en la Segunda Guerra Mundial se usaron para producir alimentos. Fenway fue uno de los más de 20 millones de jardines de la victoria del país que ayudaron a cultivar cerca del 40 por ciento de la producción nacional en el punto más álgido de la guerra. Esta historia demuestra el potencial de adaptación y la capacidad de producir alimentos locales a gran escala.

Las cuatro estaciones del jardín comunitario de la Primera Iglesia Parroquial, en Lincoln, Massachusetts. Los cambios que tienen lugar en el jardín durante el año marcan el paso del tiempo y generan conciencia sobre la transición entre las estaciones. Los feligreses cultivan parcelas individuales y, en conjunto, una parcela de donaciones que ofrece un promedio de 300 kilos de comida al año a refugios para personas sin hogar y comedores comunitarios de la zona de Boston.

Mill City Grows gestiona cuatro granjas, entre ellas 1,1 hectáreas que alquila a la ciudad de Lowell, y distribuye los productos en mercados móviles, un programa de Agricultura de Respaldo Comunitario y donaciones.

En 2011 la ciudad de Lawrence ayudó a fundar el jardín Cross and Cedar Street. Lo atienden residentes locales y se ubica en dos baldíos donde antes había viviendas deterioradas. Los lechos elevados protegen a las plantaciones de los riesgos del suelo contaminado.

El jardín comunitario Nightingale, en Dorchester, Massachusetts, pertenece a la organización estatal de conservación The Trustees y forma parte de una iniciativa de la ciudad para aumentar el acceso a productos agrícolas locales y lograr que los jardines comunitarios sean una parte destacada de los espacios urbanos no construidos.

Las terrazas plantadas encima del Esplananade, un complejo de condominios en Cambridge, Massachusetts, demuestran el potencial de los espacios de techo comerciales para acomodar la agricultura urbana.

Más del 95 por ciento de las frutas y verduras que se consumen en la costa este proviene de California y Arizona, y suele tardar más de una semana en llegar. Little Leaf Farms realiza cultivos hidropónicos durante todo el año para reducir la dependencia en la costa oeste, en un invernadero de 4 hectáreas en Daven, Massachusetts, a 65 kilómetros al oeste de Boston. El proceso de cultivo está totalmente automatizado; las plantas se siembran y se cosechan sin contacto humano. Hasta ahora, la empresa obtuvo un financiamiento de US$ 90 millones mediante deudas y capital propio para ampliar sus operaciones por la costa este; empezará por Pensilvania y Carolina del Norte.

Freight Farms fabrica invernaderos hidropónicos verticales dentro de contenedores de carga de 12 metros. Estos contenedores están equipados con controles climáticos precisos e iluminación optimizada para determinadas plantas y, en 30 metros cuadrados, pueden producir lo mismo que una hectárea de terrenos de cultivo convencionales. Los invernaderos móviles se pueden colocar en cualquier parte, como debajo de autopistas o junto a escuelas. 

Gotham Green (la estructura blanca en el extremo inferior izquierdo de la imagen) se construyó donde solía haber un terreno abandonado contaminado en Providence, Rhode Island. Hoy provee a Nueva Inglaterra de frutas, verduras y especias hidropónicas durante todo el año. El invernadero cuenta con electricidad de fuentes renovables y consume un 95 por ciento menos de agua y utiliza un 97 por ciento menos de suelo que la agricultura convencional. 

Gaining Ground Farm, en Concord, Massachusetts, cultiva alimentos para refugios y comedores de beneficencia de la zona de Boston. Mediante túneles altos, invernaderos de techo curvo y nutrición del suelo duplicó la producción en cuatro años. En 2020 cultivó y donó 57.800 kilos de alimentos, comparados con 28.015 kilos en 2016. En esta fotografía, tomada en 2016, se muestran los primeros invernaderos de techo curvo incorporados.

En esta fotografía, tomada en 2020, se observa cómo se intensificó la producción en Gaining Ground Farm.

Este jardín comunitario de Allston-Brighton, Massachusetts, se encuentra en un terreno que pertenece al Departamento Estatal de Conservación y Recreación. El follaje de mediados de octubre presagia el fin de la estación de cultivo y la llegada del invierno.

Alex MacLean es piloto y fotógrafo con exhibiciones a nivel internacional; su trabajo se ha presentado en Land Lines y el libro Visualizing Density, del Instituto Lincoln. Se especializa en documentar cambios en el suelo provocados por la intervención humana y los procesos naturales.

Fotografía principal: Los jardines comunitarios de Boston fortalecieron el sentido de pertenencia en los vecindarios. El de Worcester Street, en South End, es uno de los 56 jardines comunitarios que pertenecen a The Trustees. Lo administran voluntarios y posee más de 130 parcelas disponibles para residentes, que se distribuyen por orden de llegada. Crédito: Alex MacLean.

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